Voy a volver decía el papel apretado en la palma sudada, hecha puño y lágrimas. La otra mano acariciando el vestido sobre las rodillas, el cuello dejando ver las venas llenas, la boca rindiéndose ante la mueca de un dolor muy viejo. Con la nota todavía dentro, sus orillas cosquilleándole la palma, se posó el puño sin abrir sobre el pecho y se dejó gobernar el alma. Ya estaba frente al escritorio, ya tenía una pluma en la otra mano para escribir. Se abrió el puño y salió el papel húmedo, los dedos lo alisaron sobre la madera de la mesa. No, escribió la mano al principio de la frase, dejó la nota y la pluma y levantó la maleta hecha, los pies decididos hacia la puerta.
QUE FUERTE !
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