Soñando se encuentran sin sospechar que el contacto es real. Cada uno lo atribuye a lo que más lógico le parezca (lo de siempre: el inconsciente, un olor familiar, algo de antes, una tarde nublada sin salir de casa). Dormidos se vuelven a ver, después de tanto tiempo separados, y en sueños arreglan lo que tanto les dolió dejar inconcluso aquella última vez.