Por supuesto que no es culpa de nadie, pero creo que definitivamente alguien tiene que solucionarlo, no se puede estar así. Alguien tiene que sacar al caracol que se metió anoche a la casa.
A mí me da mucho, pero mucho asco y no puedo ni mirarlo sin sentirlo caminándome por los brazos, subiéndome hacia el cuello, abriendo su boca diminuta… Es demasiado para mí. Y como ya establecimos, no es culpa de nadie que se haya metido a la casa, y mucho menos culpa mía. Que sea yo el único de nosotros que lo ve, no implica que sea yo el que tenga que sacarlo. Entiendo y les creo cuando dicen que no lo ven, pero eso no significa que no esté aquí el caracol y que no haya que sacarlo. No hace falta poder verlo para tocarlo, basta levantarlo de la concha y sacarlo al jardín. De ahí viene, seguramente, con lo mucho que ha llovido en los últimos años. Ya no aguantaba la humedad y el frío y por eso entró a la casa. Pero este no es lugar para caracoles y mientras más tiempo pasemos discutiéndolo, más riesgos corremos. Todos.
Hay que sacar al caracol, yo ya les dije dónde está y puedo indicarlo de nuevo sin problemas porque no se ha movido durante todo el tiempo que me ha tomado dar esta explicación que no entiendo por qué se ha tenido que alargar tanto.
Yo jamás he pedido la ayuda de ninguno de ustedes cuando he tenido que lidiar con las muchas cosas que ustedes no ven. Ni siquiera les hablo del asunto porque sé que no les gusta enterarse de nada de eso. Quieren vivir ignorándolo y yo lo respeto. Lo he respetado. Pero esta vez sí, esta vez no puedo, esta vez va más allá de cualquier esfuerzo que yo pueda hacer. No soporto siquiera mirarlo al maldito, con su cuerpo gris, lechoso, granulado, lleno de poros y babas… y encima esa concha tan delgada, crujiente, del color de un gato. Ya lo dije, no puedo sostenerle la mirada ni un segundo, y no quiero que comience a hablar. Sé muy bien que si se queda va a comenzar a hablar y no va a haber quién lo detenga y eso va a significar mi fin. No exagero, no exagero ni tantito. Saquen a ese caracol de aquí por amor del cielo, aviéntenlo por la ventana si quieren, pero háganlo ya, porque si habla será mi fin.